Al salir del fondeo

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Perfectamente todo ha ido bien, voy a soltar amarras y salir cuanto antes de la cueva, luego contactamos de nuevo, corto y cierro.

Recibido.

Puso en marcha el molinete del ancla de proa para levarla antes de soltar amarras, luego avanzó con un leve toque al joystick que ponía en marcha la turbina quedando bajo el mando de su piloto. Alex no quería precipitarse en una maniobra ensayada muchas veces, puso especial cuidado en enfilar el canal de salida, sabía que ese era el peor momento, en el que la pequeña nave quedaba al través, mezclándose con las corrientes entrantes y salientes.

Desde el lugar donde estaba amarrado el Aldis hasta la bocana de la cueva, había tan solo tres metros, Alex notaba una resistencia que achacaba en principio a la corriente, pero no era así.

Al enfilar el canal de salida de la cueva notó un brusco tirón seguido de un crujido, instantáneamente su subconsciente le alertó ¡había olvidado…

 

En el estudio de Ámsterdam

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Al momento vieron como descendía del piso superior Adrie. Su aspecto era el característico de un bohemio, desarropado, sin afeitar pero aseado. Adrie, era alto, mediría los dos metros o poco faltaría, delgado, piel blanquecina y melena castaña descuidada, pero limpia, las greñas hacían que en su rostro se realzaran sendos pómulos que dada su delgadez, ofrecía un aspecto cadavérico, lucía un bigotito estrecho y perilla, los ojos eran oscuros bajo unas pobladas cejas.

Después de darles la bienvenida les ofreció subir al estudio donde estaba trabajando en diversos encargos. Subieron tras él, por unas escaleras estrechas que crujían en cada escalón que pisaban. El interior era el que se espera de una vivienda-estudio de madera desgastada por el paso de los años. El mobiliario que se veía, era sencillo y escaso, amontonados en el suelo, apoyados contra los muros de las paredes, aparecían bastidores de telas unas contra otras. Subieron hasta el último piso donde se encontraba el estudio de pintura. Era diáfano, los tubos de pintura llenos y vacíos, se mezclaban con los pinceles gastados encima de unos bancos de trabajo junto a cuatro caballetes de diferentes medidas que se encontraban repartidos en la superficie del estudio, que a groso modo, serían unos cuarenta metros cuadrados aproximadamente.

Se dirigieron a uno de los caballetes donde estaba en su bastidor la pintura encargada.

Here is your "Conversation" —dijo señalando el cuadro Adrie.

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Ámsterdam

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A la hora prevista hacían entrada en la bonita ciudad de Ámsterdam, el GPS, les llevaría directamente al hotel. Una vez en él ocuparon sus habitaciones.

Luis bajó antes para aparcar el coche en el parking del hotel, tenían previsto moverse con transporte público y taxi, cuando fuera necesario. Su estancia en la ciudad duraría dos días, era jueves, al día siguiente se reunían con Adrie. Por la tarde irían de compras del resto de encargos, teléfonos, ordenadores. El sábado harían un poco de turismo disfrutando de la bellísima ciudad holandesa y el domingo partirían de regreso a Barcelona.

La gastronomía en los Países Bajos para quienes están acostumbrados a la cocina mediterránea, no es uno de los principales atractivos de los que disfrutar, los dos amigos ya lo conocían y decidieron tomar los tentempiés típicos de la ciudad que se sirven en los numerosos puestos callejeros que existen. Tomaron las características patat (patatas fritas) y los maatges harin (arenques crudos), luego se sentaron en una terraza en el barrio de los canales y se bebieron sendas jarras de bokbier.

Habían quedado al mediodía con Adrie en su estudio…

En Port-Vendres (Francia)

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Se trataba de un pequeño local situado en la zona portuaria. En el interior solo cabían tres mesas pequeñas. No tenían camareros, tan solo el propietario y su esposa estaban al frente del negocio. Él se ocupaba, con gran maestría, de preparar cada una de las pizzas sobre una mesa rectangular a la vista de los clientes. En apenas un minuto con gran habilidad para deleite de los comensales, amasaba y hacía voltear en el aire la masa para secarla convenientemente e introducirla en el horno. Mientras, su esposa tomaba nota de los pedidos y servía las bebidas. Los clientes que no entraban al interior, solicitaban sus pedidos a través de una ventana habilitada en la fachada del pequeño edificio que constaba de planta baja con la vivienda arriba, desde la que se podía ver el horno de leña donde el pizzero introducía con una pala de mango largo la pasta con los ingredientes de cada variedad.

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Fragmentos Operación Cairo

En París de viaje a Amsterdam

22.04.2016 12:09
 De venta: aquí y en cualquiera de éstas librerías: aquí  […] Una vez registrados en la recepción del hotel, se dirigieron a sus respectivas suites para asearse, quedaron en encontrarse en el bar del hotel antes de cenar. Bueno —dijo Juan—, ahora se ve la vida de forma...
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