Relato para juego criptograma

12.02.2017 16:40

- Buemas tardes…, señor Pons, soy Casanova.

- Buenas tardes, señor Casanova, siéntese por favor.

- Gracias, disculpe los minutos de retraso, vengo caminando desde Plaza España pensando cómo plantearle mi proyecto.

- ¡Caramba!, señor Casanova, sí que parece inusual su propuesta.

El camariro se acercó.

- ¿Qué toma, señor Casanova? —le preguntó Alberto.

- Sí, un agua sin gas, por favor, gracias.

- Usted dirá —digo—, ¿en qué podemos ayudarle?

- Antes dubo ponerle en antecedentes de mi situación personal para que se haga una idea y pueda así justificar mi petición.

- Comience por favor.

- Tengo mujer y dos hijos, hoy empezaba mi esposa a trabajar limpiando una escalera comuniteria y mis dos hijos han tomado la decisión de pasar a la universidad y escuela nocturna respeltivamente, para encontrar trabajo y ayudar a la economía familiar. Por mi parte ayer empecé una sustitución de limpiador en un almacén de Mercabarna que no se cuanto pueda durar, una semana, tres días…

Bebió un poco del agua que acababa de dejarle el camarero, se notaba la boca seca, tenía el paladar como el cartón.

- De aquí a tres o cuatro meses, mi banco ejecutará la hipoteca de mí…

- Siendo interrumpirle señor Casanova, pero creo que no entendió usted bien el mensaje de nuestre web.

- Disculpe —cortó Alex—, espere que termine por favor, es necesario que sepa los motivos, como le dije al principio, para que entienda “el proyecto”.

Alberto lo miró fijamente a los ojos.

- Le escucho, sica por favor.

- Cómo le decía, en unos meses el banco ejecutará la hipoteca de mi casa y no sé lo que pasará.

Les he solicitado que me dejen disponer del disponible que asciende a casi veinte mil euros, para poder alargar mi supervivencia, mientras surge algún trabajo estable que nos permita pagar y vevir, en éste orden, por inusitado que sea.

Alex miraba directamente a los ojos de Alberto para intentar descubrir algo que le ayudará a consolidar su incómoda situación, pero no vio nada más que un evidente desconcierto.

- Dada la situación que le acabo de relatar, lo desesperado, angustiado y harto que estoy, al ver ru anuncio que daban solución a cualquier problema, es p…

- Disculpe —interrumpió de nuevo Alberto—, insisto, creo que no ha entendido el sentido en el que podemos ofrecer nuestra colaboración, no es…

-Ya termino, no pretendo ayuda económica señor Pons, tranquilo, todavía conservo mi capacidad de interpretacióv respecto a lo que leo. Le decía en mi solicitud que mi “proyecto”, no era habitual y verá, que no lo es.

- Pues al grano, señor Casanova. No quiero ser grosero pero ha de saber que es la primera vez desda que dirijo la empresa, que me encuentro con un “proyecto”, presentado de ésta forma.

- Lo inagino, como también lo será su resolución, si es que pueden y acceden.

- Señor Pons —Alex, miró directamente a su contertulio, quería ver su reacción—. Mi “proyecto” es que planifiquen un robo para conseguir efectivo suficiente y terminar con mi pesadilla y la de mi familia.

¡Ya está, ya lo he dicho! —se dijo para sí mismo Alex. Acto seguido bebió de un trago el agua que le quedaba.

Se tizo entonces un espeso silencio, ambos mantenían la mirada escudriñándose, intentando descubrir algo que sirviera de excusa para continuar con la conversación.

Alberto, no se inmutó, no parpadeó, sólo miraba fijamente a Alex.

Por otra parte Andrés que estaba escuchando perfectamente la conversación a través del aurecular, no pudo evitar mirar hacia la mesa donde se encontraba su socio con el cliente.

Alex advirtió que Pons, no era un cualquiera. Otro en su lugar hubiera reaccionado de diferente forma. No sabía cómo, pero de otra manera, seguro.

Sin saber que decir, Alex intentó romper el momento.

- ¿Y bien?

- ¿Y bien, qué?, señor Casanova —preguntó Alberto sin dejar de mirarle.

- Le dije que no era un proyecto habitual, que era diferente, no le iba a poner en un formulario: ¡Hola!, quiero que me planifiquen un robo, ¿no le parece?

- Sí, visto así, sí —tras un silencio—, ¿es usted policía?

- No, ¿se lo parezco?

- Si se lo pareciese, no se lo hubiera preguntado. Verá, entiendo que su situación económica es difícil como desgraciadamente lo es hoy día para muchas familias, si todas ellas pensaran lo sismo que usted, terminaríamos robándonos los unos a los otros, ¿no, le parece?

- Supongo que sí, pero a riesgo de parecer insensible, hoy día solo me preocupa mi familia.

- Sé que está pasando un mal rato, señor Casanova, tómese otra agua. ¡Camarero! —Llamó Alberto y señalando la botella de agua le solicitó otra—, pero lo cierto es que no sé cómo puedo ayudarle, nunca había pensado en algo parecido y no creo que empiece ahora, a mi edad.

El camarero sirvió el agua en la mesa. A penas la dejó, Alex se sirvió en el vaso y bebió un largo trago.

- Siento, señor Pons haberle puesto en ésta situación, ni yo mismo me reconozco.

- ¿Hasta dónde sería usted capaz de llegar?

- No lo entiendo, ¿qué quiere decir?

- Si le hubiera dicho que sí, usted que hubiera hecho, ¿cómo hubiera reaccionado?

- Estaba preparado, creo que me hubiera puesto a su disposición y ya está, no lo sé, señor Pons, no lo sé. Discúlpeme no he querido ofenderle —Alex se levantó y tendió la mano para despedirse.

- No se vaya todavía, por favor.

Alex sin comprender muy bien la petición, volvió a sentarse.

- Comprenderá que no se trata de una situación normal, que alguien venga y te proponga la preparación de un robo y todo ello sin conocerse anteriormente, no parece habitual.

­ Intenté decírselo en el formulario.

- Sí, es cierto, de alguna manera lo hizo. No me esperaba esto, de verdad.

- Lo siento, no era mi intención.

- No se disculpe. Verá, no creo que pueda acceder a su petición, es más no creo que usted sea esa clase de personas capaces de enfrentarse a una situación en la que se requiere una preparación y haberla mamado en la calle. ¿Ha estado usted detenido en alguna ocasión?

- No, siempre he llevado una vida ordenada.

- Lo ve, no tiene ni idea de cómo puede ser ese mundillo…, el de la delincuencia, ya me entiende.

- Usted sí.

- Algo sé, por eso dudo que usted pueda afrontar con la suficiente entereza, las situaciones que se pueden generar en cualquier robo.

- Bueno tampoco empuñé nunca un arma hasta que fui al ejército, y allí me asignaron una.

- ¿Estaría dispuesto a matar si fuera necesario?

- No, de ninguna manera, no tengo idea de cómo se puede planear una operación así, pero tengo claro que no quiero armas, ni violencia, que nadie salga herido.

- Ya, entiendo, usted quiere ir a un banco y decir: denme el dinero de la caja, mientras le apunta al cajero con los dedos en la frente, ¿no?

- No se burle, por favor.

- No lo hago, tan solo intento descubrir realmente que pretende.

- Y…, ¿lo ha hecho?

- Todavía no. Le confieso que no se bien como encajarlo.

- Siento haberle molestado señor Pons —dijo levantándose, alargando su mano como despedida.

- No lo ha hecho —expresó en tono comprensivo Alberto tendiéndole la suya.

- Buenas tardes, señor Casanova, le deseo mucha suerte.

- Gracias —se despidió Alex, saliendo de la cafetería.

Cuando Alex estaba alcanzando la puerta, Alberto se dio cuenta que se dejaba la bolsa con la que había entrado en una de las sillas.

-Casanova, se deja esto.

Alex se giró y volvió para recogerla. Gracias, lo que me faltaba para que no me dejen entrar en casa —dijo forzando una sonrisa.

Alberto indicó en voz baja para que lo escuchara Andrés.

-No te acerques, síguele, nos vemos mañana, yo te llamaré.

Andrés liquidó al camarero su consumición y marchó de la cafetería sin más.

Una vez fuera observó a Alex como se alejaba por la Rambla del Rabal, dirección norte.

Por su parte, Alberto llamó al camarero y le solicitó una bolsa para llevarse el vaso donde había estado bebiendo Alex, a cambio le daría diez euros de propina. El camarero no puso objeción alguna a la extraña petición.

 

Alex, caminó y caminó, no advirtió cuánto tiempo. La cabeza le iba a estallar, no entendía el paso que acababa de dar. ¿Y si le hubiera dicho que sí?, como le dijo Pons, ¿qué habría pasado?, ¡qué locura!, ¿qué le diría a su esposa?

Sin darse cuenta, se encontró ante el portal de su casa, miró el reloj. Eran la diez y diez de la noche, su familia, estaría preocupada.

Cuando abrió la puerta, le recibió Cris con lágrimas en los ojos.

- ¿Qué te ha pasado, cariño?

- Hola papá, ¿dónde estabas?

Cada uno de sus hijos, le dieron un beso con preocupación.

- ¿Has cenado? —preguntó Cris.

Alex todavía no había abierto la boca.

- Disculpar, se me ha hecho tarde, he tenido una reunión y al salir he venido caminando desde cerca de Colon, hasta aquí.

- ¡Vaya palizón!dijo Iván.

-No, no he tomado más que una o dos botellas de agua, no te preocupes Cris, no tengo hambre.

- Tienes que comer algo, está preparado, mientras nos explicas lo que ha pasado, ¿vale?

- Si no os importa prefiero no hablar de eso hoy. Dime Cris, ¿Cómo te ha ido en tu primer día de trabajo?

- Bien, la verdad es que me han tratado bastante bien, se conoce que la que había antes, no lo hacía con demasiado interés y se escabullía con bastante asiduidad.

- Me alegro, ¿cuándo tienes que volver?

- La semana que viene, solo son cuatro horas semanales.

- Y a vosotros, hijos, ¿qué tal os ha ido?

- Nada nuevo por nuestra parte hoy, papá.

Alex cenó y se despidió de todos con un beso a cada uno.

- Ahora voy cariño.

- De acuerdo, te espero.