Resultado de la autopsia

04.03.2017 12:50

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La herida es superficial. Ahora bien, un golpe así, sin esperarlo, haría perder la sensibilidad en piernas y brazos, derrumbándose ipso facto.

-              ¿Tan fuerte fue? —preguntó Ramírez a cierta distancia.

-              Lo suficiente para derribarlo, pero no para matarlo —informó Coll.

-              Presenta otro golpe contuso en la región parietal, pero tampoco definitivo, es de siete centímetros, pero todavía es superficial. Seguramente el agresor, todavía no estaba obsesionado con matarlo. Debió de darle así —Coll, gesticuló con su mano derecha, como si sostuviera una piedra y dirigiéndola hacia el lugar señalado. Sin embargo, éste —el forense giró el cuerpo, para mostrar mejor sus explicaciones a Torres, que mostraba gran interés en todo cuanto le estaba contado el forense—, sí es una herida profunda, de unos seis centímetros de extensión en la parte alta de la región parietal derecha posterior. Como ve, existe una fractura conminuta, con pérdida de masa encefálica.

-              No…, no hace falta, le creo doctor —repitió Ramírez.

-              A usted le gusta esto, ¿no? —preguntó a Torres.

-              Sí doctor, estoy pensando en matricularme para estudiar medicina —contestó—. Entonces…, si López se derrumbó al recibir el primer golpe por impacto, lo normal sería que cayera boca abajo, ¿cierto? Sin embargo el cuerpo estaba hacia arriba.

-              Sí, no he terminado aún —contestó Coll—. Mire este otro gol-pe. Es posterior a este otro, aunque terminan uniéndose formando un ángulo obtuso, debido al aplastamiento. En éste momento el asesino, se dejó llevar por la adrenalina y no vio nada más que algo a lo que machacar. Entonces fue cuando, ya cadáver, le dio la vuelta y frenéticamente, comenzó a golpear-le —terminó de voltear el cadáver, de forma que quedó de cúbito supino—, primero en la frente, estas dos heridas son toda-vía leves, pero ya post mortem. Esta herida extensa y contusa, con gran despegamiento de tejidos y retracción de los mismos, ¿lo ve?

-              Sí, claro doctor —contestó Torres regocijado, a pesar de lo luctuoso de la circunstancia.

-              Bien, todo esto es la región; fronto-media-orbicular derecha y nasal, con fractura de hueso, dejando al descubierto el seno frontal derecho.

-              Cuantas explicaciones —dijo Ramírez consternado.

-              Sí lo desean acabo aquí.

-              No, no por favor doctor, continúe, es muy interesante e instructivo. Nos sirve para conocer la personalidad del asesino. ¿Por qué, fue uno solamente, no?

-              Yo me atrevería a decir que sí. Todos los golpes están realiza-dos por la misma persona. Concretamente estos frontales —señaló la cara del cadáver—, estoy seguro que los hizo sentado sobre él. Estos golpes en la cavidad nasal, que deja al descubierto el hueso, fueron hechos ya con la rabia y desesperación de quien, por un lado sabe la barbaridad que está cometiendo, y por otro, no ve el momento de dejar de golpear el cuerpo.

-              ¡Qué animal! —No pudo evitar decir Ramírez.

-              Estas heridas en la boca, le desprendieron tres piezas dentales de la parte superior. En fin, hay además diversas heridas apergaminadas…

-              ¿Apergaminadas? —preguntó Ramírez.

-              Sí, me refiero a estas, que están, tan rematadas, que la piel tiene un aspecto apergaminado.

-              ¡Qué horror! No, no es necesario que me lo muestre. Doctor, vimos un gran charco de sangre a corta distancia del cadáver.

-              Sí, no he terminado todavía, inspector.

-              Lo siento —dijo Ramírez—, tengo ganas de terminar.

-              Bien, ya falta poco. La cavidad craneal, presenta múltiple frac-tura conminuta de la bóveda, con gran hemorragia meníngea, con destrucción del lóbulo cerebral parietal y occipital derecho. De la cara, no ha quedado uno solo de los huesos sin frac-turar

-              ¿Hay marcas defensivas u ofensivas en manos y brazos?, o en las uñas ¿hay restos de piel?

-              No, las escoriaciones que presenta en el borde del antebrazo derecho y mano izquierda y en el borde de la mano derecha. La equimosis de la articulación del metacarpiano del dedo me-dio izquierdo, indican que fueron hechas al realizar el traslado del cadáver. Así —Coll, cogió y estiró ambos brazos del cadáver—, de esta forma se produjeron, estas marcas. No son defensivas, seguro —sentenció.

-              Sería una explicación. ¿Doctor?, por el primer golpe, este —señaló Torres— ¿Podríamos tener una idea de la altura del criminal?

-              Pues verá inspector…, cómo les he contado, el primer golpe fue por lanzamiento, eso sí, desde un plano superior y a su derecha. Ahora bien, que el asesino fuera más alto o que se encontrara en una elevación sobre él… ya no puedo afirmarlo. Mire —se acercaron Torres y el doctor al punto que éste le señalaba—, las marcas, indican que el golpe vino de arriba, hacia abajo, el movimiento lógico de un lanzamiento es éste —lo hizo haciendo un movimiento con su brazo izquierdo, alzándolo en el aire. Así… ¿lo ven?

-              Bueno, no nos despeja muchas dudas al respecto, pero nos da una idea —dijo Torres.

-              Sí, tampoco creo que sea mucho más alto.

-              Díganos doctor, ¿las heridas…, es posible que dejaran salpica-duras en la ropa del asesino?

-              Sin duda, no se trata de un acuchillamiento que seccione una arteria, esto es diferente. Pero seguro que las mangas del abrigo, chaqueta o lo que llevara puesto ese animal y los puños de la camisa, estarán manchados de sangre, sí —sentenció.

-              Bien —dijo Ramírez, sin disimular las ganas que tenía de salir del lugar— parece que aquí ya está todo nuestro trabajo hecho.

-              Espero haber sido de ayuda.

-              Sí, si lo ha sido doctor Coll—contestó Torres, sin disimular su satisfacción—, de mucho provecho.

-              Gracias, espero que den pronto con ese criminal y reciba su merecido. Supongo que mañana por la mañana podré entregar el cadáver a la familia.

-              Gracias, una vez más doctor, ha sido muy interesante su análisis —se despidió Torres, dándole la mano al doctor.

-              Sí, eso mismo, hasta luego doctor —Ramírez por su parte, evitó dársela. Era escrupuloso y más sabiendo lo que acababa de tocar.

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